Hace apenas dos años, el creador de Facebook, Mark Zuckerberg, aceptó la necesidad de que la red social más grande del mundo adoptara medidas para prevenir la proliferación de fake news (noticias falsas) y de campañas de desinformación que abundan en la plataforma. La compañía estaba bajo fuertes presiones de varios gobiernos en Norteamérica y Europa, consecuencia del estallido del escándalo de Cambridge Analytica, una consultora que utilizó a Facebook para obtener datos personales de posibles votantes en diferentes procesos electorales para luego bombardearlos con información falsa o sesgada, diseñada para cambiar su posición.

Facebook también acababa de ser acusada en ese entonces de funcionar como plataforma para distintos grupos violentos que buscaban diseminar sus mensajes de odio y contenidos falsos, en ocasiones con repercusiones tangibles, como ocurrió en el caso de la limpieza étnica a la fue sometida el pueblo rohingya en Myanmar (Birmania).
Pero ahora Zuckerberg pareció enfriar el proceso. En una entrevista con la cadena Fox News, el emprendedor aseguró que su empresa no puede ser “árbitro de la verdad de todo lo que la gente dice en internet”.

La declaración parece diseñada para distanciarse de Twitter, su gran competidor, y acercar posiciones con el gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.