“La desinformación se ha convertido en un negocio muy lucrativo y en una eficaz estrategia para partidos y corporaciones con fines poco legítimos. Sin embargo, el fact-checking (periodismo de verificación) está logrando que mentir les empiece a salir caro”, aseguró la periodista y verificadora brasileña Cristina Tardáguila, directora asociada de la organización que reúne a los principales medios verificadores del mundo, el International Fact-Checking Network (IFCN). Esta nueva forma de hacer periodismo está exponiendo a los mentirosos, ya que les coloca una “etiqueta” en medios de comunicación, plataformas y redes sociales.

Así lo ha comprobado esta fact-checker, que fundó la primera agencia especializada en periodismo de verificación de Brasil, la Agência Lupa, antes de llegar a la dirección del IFCN, perteneciente a la escuela de periodismo Poynter, en Florida. El fact-checking tiene un impacto en la sociedad y la vida política, sostiene Tardáguila: “Aunque indiscutible, es muy difícil cuantificar su impacto, aún no hay estudios serios”, pero es palpable en cuatro niveles, según la periodista. “Impacta en los políticos, también en la forma de hacer periodismo, en los creadores de noticias falsas y, por supuesto, en los ciudadanos que consumen medios de comunicación”, apunta. El fact-cheking está creciendo en todo el mundo como respuesta a la creciente ola de noticias falsas. En Argentina, el sitio chequeado.com cumple similares funciones desde hace unos años.